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domingo, 27 de julio de 2008

Historia de las medias, ligas y portaligas o ligueros.



Las ligas y portaligas o ligueros.

Increíblemente estas prendas que hoy son símbolo de feminidad, siendo el accesorio perfecto de una mujer a la hora de la seducción, en principio formaron parte del atuendo masculino.

No se sabe con exactitud cuando fueron creados pero hay datos que revelan que ya en el año 3000 A.C. los hombres los llevaban para sujetar sus calzas (en esa época no eran medias sino calzas lo que se usaba).

En un frontal del siglo XIII donde están representados los tres Reyes Magos se aprecian las calzas sujetadas por unas ligas (dejando al descubierto la parte superior del muslo) que éstos llevan. Las ligas se enganchaban al cinturón y se fijaban lateralmente.

La liga se había popularizado a mediados del siglo XVIII gracias a la difusión de la media llevada a cabo por las sederías francesas, que extendieron el uso de esta prenda, hasta entonces propia de los hombres, a las damas de la corte y las burguesas de las ciudades europeas. Al principio tabú (“Las reinas de España no tienen piernas” exclamaba el Jefe de la Casa Real de Isabel II), pronto se convertiría en fetiche, apareciendo a la vista en cuanto las faldas se acortaron por encima del pie, exhibiendo leyendas amorosas de los amantes que las regalaban. “La risa de mi morena alivia toda mi pena” reza una de éstas conservada en el Museo del Textil y de la Indumentaria de Barcelona.

El mercado de portaligas en aquellos años apuntaba tanto a satisfacer las demandas de las mujeres como las de los hombres.


El liguero nació de una imaginativa innovación de los fabricantes de corsés: sin más que añadir a la parte baja de éstos unas tiras de tela elásticas con sujeciones, inspiradas en los tirantes masculinos, la media quedaba firmemente sujeta a las piernas.


Pronto la prenda adquirió autonomía propia, especialmente en Europa, donde el afán de no reducirla meramente a un cinturón con los elásticos introdujo los imaginativos encajes que todavía forman hoy su esencia.
Luego con la aparición de las pantys en 1970 las ligas y portaligas junto con los corset quedan en el baúl de los recuerdos y recién a fines del siglo XIX renacen pero traen consigo una transformación radical no de la pieza en sí, sino del carácter con que éstos son vistos: estático, sugerente, erótico, íntimo, fetichista, y pasan de pieza de vestir funcional a elemento íntimo de alcoba.


La liga en las bodas: una tradición.


Si bien esta “ceremonia” con el tiempo se ha ido transformando y en cada región se ha modificado su forma de realización, aun hoy sigue llevándose a cabo ese ritual que era considerado símbolo de rendición, de entrega, de revelación del misterio.

Antiguamente se realizaba después de cortar la torta. Las mujeres se situaban alrededor de la novia para que los hombres no vieran nada más que lo que su imaginación les permitiera y le cortaban la liga y junto con la corbata del hombre (también cortada en trozos) la colocaban en una bandeja que pasaban por todos los invitados que a cambio de uno de los trocitos dejaban dinero en la bandeja que los novios destinaban al viaje de luna de miel.



Ligas y portaligas hoy: arma de seducción y erotismo.





Según El gran Diccionario erótico, el liguero femenino constituye hoy uno de los oscuros deseos de estimulación erótica para el hombre, quizá porque se halla en la mitad del muslo, a medio camino del fruto que esconde la mujer. “Su carácter fetichista ha ido aumentando a medida que su uso se ha ido desprendiendo de su función original”.












HISTORIA DE LAS MEDIAS



Su nombre completo sería el de medias calzas pues las antiguas calzas cubrían desde la cintura hasta los pies, y las medias solamente la mitad que las calzas.

Retrato de Carlos IX con calzas. 1560

La misma raíz calc- está presente en calceus, nombre latino de la prenda de vestir que se ajustaba al pie y que, dado que los romanos no usaban calcetines, era el zapato; éste es el origen de palabras tan frecuentes como calzado, calzar, calzador y descalzar. Cuando los romanos adoptaron de los pueblos germánicos el uso de las medias, las denominaron con un derivado de calceus: calcea (calzas). Durante la Edad Media, las calzas se fueron llevando cada vez más largas, hasta cubrir desde los pies hasta la cintura. Hasta el siglo XV sólo los hombres usaban calzas o medias.

Las medias femeninas permanecieron durante siglos ocultas a la mirada (y con más razón, las piernas).
Una de las muchas leyendas que se cuentan de la reina Isabel de Castilla se refiere al regalo que le llevó el embajador de Francia: un precioso par de calzas de seda bordadas.
Inmediatamente estalló el escándalo en la corte. ¿Cómo el embajador podía aludir de un modo tan grosero a la intimidad de la católica soberana? Sin dudas el regalo sería devuelto con desdén.
Las piernas no existían, literalmente hablando. Al menos es lo que se desprende de otra anécdota ya de época mucho más reciente. Con motivo de un comentario sobre las calzas que usaba otra reina, Isabel (II), el indignado comentario del jefe de la Casa Real fue: “¡Las reinas no tienen piernas!” Pero sí tenían, y a muchas les gustaba adornarlas con empaque real. Consta que otra Isabel más, la I de Inglaterra, agradeció mucho a lady Montagud el regalo del primer par de medias fabricadas en un telar, proclamando que le hubiera gustado usar siempre medias como éstas, tubulares, muy adherentes y que tan bien modelaban la pantorrilla.
Pero aunque a través de los siglos las mujeres usaron medias más o menos finas y caras según la moda, éstas permanecían ocultas por la longitud de las faldas, y la mayor atención era dedicada a los zapatos.
De todos modos, los bordados de las medias de estas épocas demuestran que sus usuarias recibían cumplida atención de sus maridos, amantes y favoritos.

Pero llega el siglo XX, y aquí es donde la palabra calzas debe ser sustituida por medias. Ya en 1909 el vestido de paseo de moda, que llamaba trotteur, descubre, para hacer más elástico el paso de la mujer que marcha hacia nuevas metas, todo el pie. Y en la temporada 1913-14 las faldas se acortan hasta dejar al descubierto no ya el mítico tobillo, sino la pantorrilla hasta cerca de la rodilla, y aquí es donde la media empieza a constituir un objeto visible, al que hay que dedicar atención.
Hay un deseo de aire libre, de deporte: la mujer desea bañarse en la playa, pero eso sí, todavía con medias.
Y, en esta aceleración del tiempo, llega la guerra mundial.
La media prosigue su desarrollo imparable, pese a los constantes desafíos técnicos que planteaba la constante búsqueda de un adelgazamiento compatible con la comodidad, el abrigo y la estabilidad.
De pronto, la guerra introduce un nuevo contratiempo: en 1941 el gobierno británico prohíbe el uso y la venta de las medias de seda. Pearl Harbour había cortado el suministro de seda japonesa, y la poca existente debía ser utilizada con fines bélicos, desde los paracaídas a determinados vestidos para las tropas que debían operar en climas nevados.

En Europa, las piernas de las mujeres quedan a la vista hasta la misma rodilla, sobre aquellos zapatos casi ortopédicos de suela altísima (los topo linos), y los púlpitos empiezan a tronar contra tantos acortamientos. El Papa arremete contra los “vestidos exiguos que están hechos de tal modo que ponen de relieve lo que deberían ocultar”.
La escasez sigue dejándose sentir, y agudiza la imaginación. A falta de medias, buenas son pinturas con un pigmento más o menos ocre.
Lo más difícil, la falsa costura, debía ser hecha por una amiga. Hay que ver lo que puede el ingenio.

Y mientras tanto ya había aparecido lo que sería el sustituto de la seda: el hilo de nylon (1937), que pondrá la prenda al alcance de todo el mundo. El 15 de mayo de 1940, cuando se comenzaron a vender las primeras medias de nylon en USA, desaparecieron cuatro millones de pares en cuatro días. Las medias hechas con esa fibra sintética llegaron a Europa con los soldados estadounidenses, y marcaron una nueva época: las medias se rompían menos, y aquellas torturas para coger los puntos soltados, que exigían una habilidad insólita pese a la ayuda de lupas, empezaron a ir en retroceso simplemente porque el precio había bajado y salía más a cuenta comprar un nuevo par.

Las revoluciones se suceden: en 1950 las llamadas “medias de cristal” por su transparencia, provocan nuevas tronadas en los púlpitos, especialmente en países dominados por el clero, como España. Las mujeres siguen yendo a misa, pero no hacen caso: ¡es tan bella la pierna vista, y encima realzada por la media!

Y en 1956 nacen las medias sin costura, que son acogidas con satisfacción: son más cómodas y prácticas, y liberan de la permanente tendencia de aquélla a torcerse. De todos modos, estas innovaciones no siempre son bien acogidas, especialmente por los caballeros, que recuerdan el placer visual de una señora que se inclina para estirarse las medias o para detener, con un dedo humedecido en saliva, la carrera que sube o baja por la pierna.

A fines de los 50 llegan los leotardos, de momento para niño. Pero pronto las mujeres se apropiarán de ellos. Ese invento, convenientemente estilizado, acabará en los hoy omnipresentes pantys.

Pero volvamos a los 60: una jovencísima diseñadora, Mary Quant, lanza la audaz minifalda, que rápidamente obtiene un éxito arrollador. Las piernas, los muslos, saltan al aire.
La minifalda es sustituida brevemente por las bermudas y los hot pants, que requerían como aquéllas, medias hasta la cintura. Es el momento del panty elástico, a menudo de color y adornado con los motivos más ingeniosos.

En los años 70, ¡ay!, un triste acontecimiento: empiezan a triunfar masivamente los pantalones. La mujer los lleva cada vez más a gusto, y la moda es tan arrolladora que durante unos años las piernas femeninas desaparecen de la vista. ¡Son tan cómodos! No hay que preocuparse por la depilación, ni por las carreras, ni por el viento, ni por nada. De paso, así las medias duran mucho más y sus fabricantes empiezan a preocuparse. Los varones no se sienten a gusto. La consigna es clara: ¡Hay que fomentar la vuelta a la falda!

El liguero es la prenda sexy por excelencia, la preferida por los hombres, pero tiene serios inconvenientes en cuanto a la comodidad: se desajustan, a veces se sueltan e intentar correr con ellos puestos puede ser todo un drama. Odian el panty: “Armadura medieval, coraza antiestética, incomodísimo para cualquier incursión un poco audaz”; así se manifiestan en una encuesta realizada por la revista Donna en 1983, a la par que suspiran por el binomio liguero-medias, que los más jóvenes, por desgracia, ya no conocen.

Y la media tradicional vuelve por fin. Pero ya nunca será como antes: convive con el panty. Con todo, la variedad puede compensar esta pérdida. Las medias son lisas, de colores, con dibujos, permiten todos los caprichos del diseñador. Aparecen mil tipos de ligueros. Las ligas, también recuperadas, son de variados colores, con predominio del rojo, y recuperan el carácter simbólico de que ya gozaban en la Edad Media, cuando aquel rey emitió la célebre frase “Honni soit qui mal y pense” al devolver a una dama la liga que se le había caído danzando.

De pronto, en los años 80, la media se oscurece, y en ese color, cuando no totalmente negra, triunfa en toda la línea, recordando la España del Siglo de Oro. Pronto El Corte Inglés y demás fabricantes intentarán destronarlas (¡hay que variar, hay que comprar cosas nuevas!). Pero la media negra resiste años y años de este acoso comercial, y entramos en el siglo XXI sin que nada enturbie su reinado.
Es interesante preguntarse el por qué de esta fidelidad femenina al negro (que tampoco disgusta del todo a los hombres). Sociólogos de enjundia se han sumergido en el estudio, y las conclusiones varían: desde quien piensa que simplemente adelgaza hasta quien supone que proporciona una relativa seguridad a la mujer que se olvida así de estar exhibiendo sus piernas. Sea como sea, la media oscura permanece y no parece que en fecha próxima vaya a ser desterrada.
El nuevo siglo, valorador por ahora de la novedad a ultranza, llega a la audacia máxima: el vestido-media, aunque dudamos de su aceptación.

PUBLICIDAD: “Si yo fuera mi mujer…”

En los primeros años 60 un imaginativo “promocionador” tuvo una idea genial: compró una partida de medias invendibles y las bautizó con la marca Berkshire. Para impulsar su venta, se le ocurrió la publicación en los periódicos de unas fotografías en las que una foto cortada en dos mostraba en la parte superior la imagen de un varón más o menos sesudo, y en la inferior unas atractivas piernas femeninas, con la leyenda: “Si yo fuera mi mujer luciría medias Berkshire”. En unos tiempos en que hasta las modelos debían ser importadas de otros países europeos para anunciar trajes de baño, la idea fue resultando.
Hasta que llegó el cataclismo. En la prensa uno de los anunciantes era nada menos que Alfredo Di Stefano, la estrella del Real Madrid de la época, el club vencedor de cinco copas de Europa. El anuncio era difundido incluso radiofónicamente: “¿Saben qué les digo? Que si yo fuera mi mujer, luciría medias Berkshire”. Y la reacción fue fulminante. Los madrileños, especialmente los hinchas del famoso club, censuraron el “ridículo” de su líder. “Luce la camiseta del Madrid, y esto es intolerable”, decían unos. “Cuando uno se llama Di Stefano no puede prestarse a estas maniobras”, decían otros. ¡El machismo ibérico, en entredicho! Y Di Stefano tuvo que pensarlo mejor, devolver el cheque de varios centenares de miles de pesetas (cifra muy sustanciosa para la época) y pedir que se retirara el anuncio. Los promotores de las medias se frotaron las manos: sin que les costara un duro, habían hecho más publicidad que nunca.
Los sociólogos han sacado abundantes consecuencias sobre el estado del país en aquellos años a través de esa anécdota. Costará a la juventud de hoy entender esta reacción, pero ahí esta la historia. ¡Viva el audaz promotor de las medias Berkshire!


Algunos tipos de medias:

Medias de rejilla o de red: Son medias que en vez de un tejido uniforme son una especie de red. Aparte de la forma romboidal, hay otras como la hexagonal y otras más complejas.



Medias con costura: Actualmente las medias no suelen llevar costura, pero algunos modelos sí lo llevan por motivos estéticos.




Medias cubanas: Son las medias con costura y refuerzo en la planta.



Minimedias: Son medias del tamaño de un calcetín. Se suelen usar con pantalones.

Medias antiembolias: Para prevenir la formación de émbolos y trombos-Prevención de Trombosis Venosa Profunda especialmente en los pacientes que han sido sometidos a cirugía o en aquellos que se hallan encamados o si el paciente presenta un alto riesgo de tromboembolismo. Medias antiembolia facilitan el flujo de retorno de la circulación venosa, evitando la estasis venosa y la dilatación de las venas, circunstancias que predisponen a la formación de varicosidades y al desarrollo de trastornos tromboembólicos.


Medias autosostén: Son medias que no necesitan liguero. Actualmente se suele utilizar una tira de silicona para mejorar la sujeción. También se denominan Medias de liga o medias autosujetables.


Medias de encaje.

Pantymedias o can can: Cubren toda la pierna hasta la cintura. En el mercado hay una gran variedad en diferentes colores y diseños. Algunas con funciones reductoras, modeladoras de la figura.


Leotardo: Son como unas pantimedias pero de tejido más grueso. Adecuadas para el frío. Son habituales en las niñas.


Algunas medias se combinan con un body en una pieza. A esta prenda se le suele llamar Bodystocking.








domingo, 20 de julio de 2008

La evolución de la lenceria. segunda parte

El avispero, una nueva y muy femenina versión del corsé aparece después de la “guerra del 14” y a pesar de que la mujer venia apostando a la libertad de su cuerpo y a la comodidad, acepta y adopta nuevamente esta moda. Su denominación se debe justamente al efecto de cintura de avispa que daba a la silueta de la mujer.


En 1947, Christian Dior cambia con su “New Look”, el modo de vestir de la mujer devolviéndole su feminidad y abriendo un poco de refinamiento al negro ambiente de la postguerra europea. Un hallazgo que le consagró de inmediato en Francia.
El “boom” del momento eran los nuevos diseñadores (modistos) que imponían sus leyes sobre la silueta femenina con autoridad; y la alta costura un muy buen negocio.

Para realzar la estrechez de la cintura los modistos confeccionan las enaguas en tafetán y seda que se usarán superpuestas hasta los años cincuenta.

En los años setenta el movimiento feminista se hace presente oponiéndose al uso de la ropa que las féminas denominan “símbolo de la mujer objeto” y empieza a vestirse con ropa unisex (camiseta, pantalón).
Por esta década muchas tiendas de lencería debieron cerrar sus puertas, muchas quebraron.


Las bragas
Los “calzones” o “bragas” descendientes del “tapa rabo” fueron usados en principio por los hombres.
En 1571 Catalina de Médicis introdujo en Francia un calzoncillo denominado “Brida de nalgas” que usaban las prostituas venecianas y lo impuso a las damas de su corte para montar a caballo.
En el siglo XVI se recomiendan las bragas para las bailarinas.
El derecho a llevar bragas fue sometido en el siglo XIX a autorizaciones especiales concedidas por la jefatura de policía. Se permitía su uso a la mujer ciclista o a la de clase alta para tomar baños en el mar. Las usaban también las bailarinas del can can que recorrían los casinos del mundo.

El bikini fue creado como traje de baño, para más tarde pasar a ser parte de la lenceria también.

Origen e historia de los trajes de baño.

Aunque el bikini que conocemos hoy en día tiene su origen en el verano de 1946, se han encontrado murales minoicos del 1600 a.C., en los que se aprecian mujeres, de la antigua Grecia, vistiendo prendas de dos piezas con propósitos deportivos, por lo que ya en esa época eran utilizadas este tipo de prendas.

En el imperio romano también eran utilizadas, al encontrarse mosaicos, que asi lo indican, en una villa siciliana, que datan del siglo tercero después de Cristo.

A finales del siglo XVIII, nace la costumbre de bañarse, gracias al rey Jorge III (1738-1820) quien más lo favoreció al frecuentar la playa de Weymouth en Inglaterra, por recomendación de su médico para aliviar algunas dolencias. En 1822 se produjo el primer baño de una mujer notoria, el de la duquesa de Berry, nuera de Carlos X, que se sumerge totalmente vestida en la playa de Dieppe (Francia).

El primer bañador aparece en 1890, y está constituido por camisa, pantalón y calcetines para el hombre y la mujer. Tienen que transcurrir 25 años para que desaparezcan los calcetines de la vestimenta de playa, aunque las mujeres todavía se ponen camisones, camisas largas y faldas para bañarse. Sin embargo los hombres pueden lucir pantalones cortos.



En el año 1930 aparece el primer bañador femenino, propiamente dicho. Elaborado con lana, su escote en forma de camiseta y los pantalones deberán cubrir los muslos. Esta prenda mojada pesa más de tres kilos.
En 1946, el modisto Jacques Heim y el ingeniero Louis Réard inventan el bañador de dos piezas. Ayudado por la popularidad de las actrices que visten dicha prenda, ésta empieza a ser utilizada más ampliamente, y es ayudado además por la invención de la lycra en 1960, una fibra textil que puede ser tensada y estirada hasta seis veces su longitud natural, hace que aparezcan los primeros bañadores elásticos.

El estilista californiano Rudi Gernreich inventa, en 1964, el topless o monokini. En un principio era un bañador negro sostenido por dos tirantes que deja al descubierto el pecho de la mujer.

En 1974, aparece en Brasil "el" tanga (String Bikini), inventado por el genovés Carlo Ficcardi. Su introducción en los Estados Unidos crea un gran revuelo al ser aceptado por la clientela de una forma desorbitada. En una popular boutique de Madison Avenue, se venden más de 160 tangas en sólo dos días.

Un nuevo estilo de bikini es el Tankini, en el que se mezclan el estilo recatado del tradicional traje de baño, con la ligereza y minimalismo del bikini.









El bandini es otra variante del bikini, anterior a la anterior, en la que la parte superior cubre de una forma ceñida el busto y cintura...





La popularidad del bikini

La popularidad del bikini se da hasta los años 60, esto por razones de ética más que de estética, sin embargo gracias a factores tan influyentes como las grandes divas del cine, los medios de comunicación y la apertura política y social de occidente, su aceptación comenzó.
Se dice que una bailarina del Casino de París, Micheline Bernardini, fue la primer modelo en posar con bikini. El inventor de la prenda, Louis Reárd, tuvo que recurrir a ella porque ninguna modelo profesional se atrevía a lucir una prenda tan destapada. Fue ella quien sugirió a su creador este nombre, alegando que iba a ser "más explosivo que la bomba de Bikini".


Con Brigitte Bardot y sus descansos en Saint Tropez y Cannes luciendo un bikini, se desencadena la promoción de tal prenda. Su papel en “Y Dios creó a la mujer” en 1957, animó a decenas de mujeres a usarla. Así también la colaboración del cantante Brian Hyland y su canción Itsy Bitsy Teenie Weenie Yelow Polka Dot Bikini despierta entre las adolescentes americanas el gusto por esta prenda de escándalo.



Seis años después, Ursula Andress lució su famoso bikini con cinturón mientras interpretaba a la "chica Bond" en "007 contra el Doctor No".

Raquel Welch por su parte aparecia con un sugestivo bikini en "Hace un millón de años", cuando interpretaba a una feroz cavernícola, en 1966.
Mientras en América esta diminuta prenda, causaba furor, caso contrario se presentaba en España, Grecia y Portugal, donde debido al ambiente político y religioso, las mujeres eran más recatadas, los bañadores de una pieza de piqué o punto con falditas y escote alto seguían siendo los reyes de las playas.
Con la evolución y vanguardia de los tejidos, el bikini tiene una mayor difusión. Luego para 1960 con la introducción de la lycra una fibra que puede ser tensada y estirada hasta seis veces su longitud natural, el diseño de esta singular prenda se abre a nuevas posibilidades, por lo que la moda llega a los momentos de descanso y bronceado en las playas.

Posteriormente con la libertad de expresión, el fin de la dictadura franquista, Mariano Ozores y Alfredo Landa, traen el "top-less" y la tanga. Esta última llega de las playas de Brasil y reduce las piezas del bikini a su mínima expresión.

El aire de libertad que se respira en los ochenta, el interés por la moda y por un cuerpo escultural, continúan con el triunfo de las tangas y el cine encumbra a Bo Derek como la mujer perfecta en traje de baño.


Hoy en día la tanga no sólo es un mini-bañador, también es una prenda imprescindible en el mundo de la lencería femenina y el mercado nos ofrece una amplia gama de modelos y colores.


domingo, 13 de julio de 2008

El Atuendo del Deseo: La lencería erótica.

Un poquito de historia

La necesidad de cubrir las zonas pudorosas de la mujer nace quizás en el mismísimo momento en que Dios sin querer unió el deseo con la prohibición al recortar estratégicamente la desnudez con una hoja de parra. Desde aquel estreno del pudor en Adán y Eva se sabe que el erotismo media entre el ocultamiento y la adivinanza.



Un claro ejemplo de esto es la época en que la mujer no podía mostrar sus piernas y pies en público lo que generaba que no hubiera nada más apasionante para un hombre que vislumbrar un pie o la curva del empeine de una mujer. Esto favoreció un impresionante fetichismo en torno al pie, el tobillo y las pantorrillas, tal es así que en los burdeles de lujo el hombre podía elegir los zapatos que usaría la mujer aún antes de escogerla.






Las mujeres han usado ropa interior desde los comienzos de la civilización. A veces, abiertamente; otras en secreto, de acuerdo con los dictados sociales y siempre a los fines de distinguir los cuerpos de acuerdo con su status social y moral.

En la antigüedad en Egipto, en Grecia, en el Imperio Romano la ropa interior de la mujer se resumía a una túnica de lino; los artificios de la seducción se limitaban al uso de joyas, maquillajes y perfumes.

En la Edad Media surge "la camisa" (siempre blanca ya que la hervian para higienizarla), heredera de la túnica grecoromana, que hasta la época moderna fue la única "lenceria" que usaron las mujeres.

En la época Medieval la Iglesia obliga a las mujeres a comprimir sus senos con una banda bajo la camisa para borrar la feminidad.

Durante la "Guerra de los cien años" y de la gran peste la aristocracia disfrutaba de todas maneras de lujos que se reflejaban también en la ropa interior femenina.

Pasada esta penosa etapa
Flandes aprovechando su neutralidad desarrolla una industria textil que perfecciona la industria de los tejidos y de los tintes.
La mejora de las condiciones de vida favorece el gusto por el lujo que puede apreciarse en la riqueza de los trajes y camisas que destacan en la vestimenta femenina.

La camisa del siglo XVI estaba confeccionada con tejidos finos y pronunciados escotes. Era más amplia, con sisa raglán (una novedad), llena de bordados o abotonada.

Con la llegada del Renacimiento el cuerpo femenino empieza a verse con cierta agitación sexual.
En el siglo XVII la aparición de la seda le da otro encanto a las camisas por su textura suave, su brillo y porque acentúa las líneas del cuerpo.



Acá les dejo el videito




El Corsé O Corset

Desde la creación del corsé, éste será la pieza angular en la que se asentará todo el edificio del traje femenino.

Fue creado en la Edad Media y era un "privilegio" reservado solo a la alta sociedad y a las mujeres de buena moral. Éstas para lograr una figura esbelta tal como lo dictaba la época se sometian a ese sacrificio y muchas veces atentado a su salud.

El famoso corset provocaba (por la gran presión que ejercía en la cintura) dolores durante el coito, afecciones uterinas que en muchos casos producían abortos o daños fetales por lo que estas mujeres de cintura estrecha sólo podían ofrendarle a sus esposos respetabilidad y belleza. A causa de esto las mujeres de clase baja pudieron disminuir su pobreza estructural al quedar convertidas (como prostitutas) en válvula de escape para el deseo de esos hombres.
Por lo tanto en ese mundo cerrado y mudo, quienes marcaban la pauta de la ropa interior (transgrediendo leyes y tribunales e imponiendo nuevas estéticas y modos de vida), eran las mujeres de mala vida.

Este invento que muchas veces dejaba sin respiración y en otras provocaba casi el desmayo, se lo debemos a Catalina Médicis que debido a que prohibió que las mujeres mostraran una cintura ancha en la Corte Real de Francia en 1550 tuvieron que usarlo.

Estaba diseñado con colores claros, una tela resistente, varillas muy rígidas pegadas al los lados y cordones cruzados para apretar hasta la asfixia la cintura y poder llegar a esos alucinados 50cms. de diámetro.
Después de algunos años no sólo se modificó su diseño sino que también se le agregaron sensuales y coquetos detalles como el portaligas que inicialmente usaban las bailarinas de Can-Can.
Afortunadamente los tiempos han cambiado y lo que antes era lo menos importante a la hora de hacer un corset, ahora es fundamental; esta prenda actualmente está diseñada y fabricada con materiales que garantizan comodidad y femineidad sin dejar de cumplir la función de hacer más esbelta la figura de la mujer.

Un Videito que muestra el corset en la historia


El soutien


El corpiño, soutien, sujetador o brassiere también pasó por varias etapas de incomodidad hasta llegar a la practicidad, comodidad y variedad de la actualidad.
Existen varias versiones sobre quien lo inventó, según varios textos que hablan del tema dicen que su creadora fue la francesa Hermine Cadolle que en 1889 diseñó el primer modelo de brassiere dividiendo el corset en dos y formando una protección para el pecho con una armazón,era entonces la primer prenda para sostener los pechos apoyado por los hombros y a la que ella llamó "le bien-étre" bienestar; aunque ya se había patentado uno anteriormente en Inglaterra que parecía un colador. Otros dicen que fue inventado por Charles Debeviose en 1902 o por Philippe de Brassiere de ahí el nombre.
Posteriormente en Estados Unidos, por el año 1914 una mujer norteamericana llamada Mary Phelps Jacobs patenta el primer corpiño sin espalda, el cual era un prenda ligeramente suave que separaba los senos de manera natural, después aparece el neoyorquino Henry Lesher, con su diseño en armazones metálicas; que al igual que el corset se vió afectado en ese país durante la Segunda Guerra Mundial, debido a que se tenía que ahorrar en metal para la fabricación de buques de guerra.
En 1920 esta prenda se vuelve muy popular ya que se consideraba un símbolo de libertad y representaba a la nueva mujer.

Del corset al soutien

La mujer busca liberarse y comienza su lucha por la igualdad de derechos

En aquella época (entre el siglo XIX y XX) los consumidores de lenceria eran los hombres y sus amantes reconocidas ("mujeres alegres") y estaba mal vista. Dos de las más famosas cortesanas de la época fueron "la bella Otero" y Cléo de Mérode.

Durante la Guerra de 1914, cuando los hombres deben ir al frente, las mujeres abandonan el uso del corset por su incompatibilidad con los trabajos (en carreteras, en el campo, en fábricas) que se ven obligadas a realizar por falta de hombres.

En esta etapa la mujer empieza a independizarse y busca la igualdad de derechos (conseguirá el derecho al voto 25 años más tarde) y ésto también se ve reflejado en su forma de vestir incluyendo la lenceria (apuesta ante todo a la comodidad y a la no represión de su cuerpo).

"Coco" Chanel revoluciona la moda con sus diseños. Impone como concepto de elegancia la comodidad, adecuandose a una mujer cada vez más activa.

En la búsqueda de liberar el cuerpo sin dejar de estilizarlo aparece la FAJA que hace que las mujeres se vean como sirenas.